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— ¿Y qué piensas hacer entonces? — preguntó el Profesor.
Gaetano volvió a tomar el libro que estaba sobre el escritorio y lo abrió en la sección que se refería a los mapas de Karnaugh.
— Supongo que decirles que podemos intentar resolver el problema, pero que no soy especialista en ello.
— Con eso lo único que conseguirás será que le den el trabajo a alguien más, quien con una alta probabilidad no lo hará mejor que tú — dijo el Profesor tras levantar una ceja.
— ¿Por qué piensa usted eso?
— Porque mucha gente prefiere que le digan que todo es felicidad antes que oír que le prevengan sobre las dificultades que un trabajo bien hecho implica.
— La mesura y la auto crítica son características harto deseables en una persona.
— Concuerdo; pero para desgracia de los altamente capaces y mesurados como tú hay varios de capacidad apenas mediana con una amplia facilidad para primero lanzarse a la jaula del tigre y después preocuparse por cómo lo irán a domar… sobre todo si saben que tal amansamiento tendrá lugar fuera de miradas escrutadoras.
— No lo sé, Profesor. A mí me sigue pareciendo que es mucho más honesto reconocer las propias limitaciones.
— Pues pensamos igual; sin embargo he visto en varias ocasiones a zopencos con más labia que seso convencer al no menos cerril patrón valiéndose solamente de su cinismo. Además, tal circunstancia tiene como resultado, casi invariablemente, que aquél quien podría haberlo hecho mucho mejor, no consiga el trabajo. Con que, diles que puedes y que lo harás. Deja las dudas existenciales para cuando haya que poner manos a la obra.
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Insistiendo con el diccionario de la 

